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Ọya «el espíritu del viento»

En este artículo de blog como en muchas otras ocasiones mencionamos a los Òrìṣà. Estos son sincretizados según nuestra cultura chamánica yoruba. La transculturización marca ciertas fechas que utilizamos para realizar celebraciones y homenajes a estas entidades espirituales. En este caso mencionaremos a Ọya el espíritu del viento. Ella es sincretizada con la figura católica de Santa Bárbara. Bárbara de Nicomedia fue una virgen y mártir cristiana del siglo III, que forma parte de la lista oficial de mártires de la Iglesia Católica y su fiesta se celebra el 4 de diciembre.

Òyá y su sincretismo

Primer Òrìṣà femenino en aparecer en la rueda o circulo chamánico de Òrìṣà. Ella viene al frente guerrera agresiva y al mismo tiempo alegre y feliz. Este es un Òrìṣà de múltiples características, vinculada a varios elementos. La centella, fuego, el relámpago y el agua son algunos de ellos. Es la divinidad tutelar del río Níger, aunque también le pertenecen el cementerio y el bosque. Representa la sensualidad y el desborde, siendo su prototipo el de la mujer independiente y liberal. Ọya el espíritu del viento, no se ata ni a los hijos ni a nada que la aparte de sus metas. Es una temible guerrera, reina de los vientos y tempestades, así como del fuego poder que comparte con Ṣàngó.

Este Òrìṣà femenino representa el vigor de la juventud. Se la asocia con la figura de Santa bárbara por que comparten aspectos similares como la espada. Es por esto que Santa bárbara fue asociada con la guerra, aunque dicha espada representa un símbolo de fe inquebrantable. Suele representarse también con una torre con tres ventanas a su lado o en miniatura sobre una de sus manos. El simbolismo cristiano de esta torre con tres ventanas es el refugio de la fe en la santísima trinidad. En el caso de Ọya representa su dominio sobre la vivienda. Generalmente esta torre aparece junto a bloques de piedra por su arte de labrar las piedras para la construcción. Este atributo Ọya el espíritu del viento lo comparte con Ògún el señor de la guerra.

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En algunas representaciones Santa bárbara aparece con una copa o cáliz, que simboliza el elemento dador de vida eterno. Claramente se distingue el símbolo de la deidad femenina y de la energía transformadora que de ella emana. Se reconoce esta interpretación de la torre y de la copa como un simbolismo universal. En todo el mundo se observan elementos ceremoniales que comparten esta simbología.  Hasta en lugares sagrados, como cuevas representantes de la matriz divina. Cuando las deidades masculinas conquistaron el monopolio, las cuevas, el cáliz y otros símbolos femeninos perdieron su poderoso lugar. Estos elementos quedaron relegados a un segundo plano, solo unos pocos cultos utilizan la dualidad de la fuente divina.

Otro de sus atributos es el rayo, aunque más propiamente es la centella que cayó en su martirio. El sonido que esta expresión de la naturaleza produce ha hecho que sea relacionada con los explosivos. Por ellos es la patrona de las armas de artillería, cuyo escudo son cañones cruzados. La torre es la heráldica de los ingenieros y de los soldados que trabajan en obras de excavación. Es tanta su afinidad con la milicia que incluso el depósito de explosivos en los buques recibe el nombre de santa bárbara. En la tradición chamánica de Òrìṣà esta relación se representa con una famosa parábola. Esta parábola cuenta que Ọya fue el gran amor de Ògún hasta que ella lo dejó por Ṣàngó.  Aunque ellos nunca dejaron de ser amantes identificando su estrecha relación.

Origen de Ọya

Hay una leyenda que hace alusión a su origen por un juego de palabras. En esta, se cuenta como una ciudad llamada Ipó, estaba amenazada por guerreros Tapás. Para preservar la ciudad, de esos enemigos se hicieron ofrendas al rey de Ipó, fundamentalmente ropas. Este traje era tan bello que las gallinas del lugar cacarearon de sorpresa. Por esto hasta el dia de hoy lo hacen siempre que están en presencia de algo extraño. Ese traje con tanto prestigio se dividió (Ya) en dos para hacer de mantel para las ofrendas de Orí (cabeza).

Entonces, misteriosamente apareció agua que se divide (Ọya) en torno a la ciudad, ahogando a los soldados Tapás. Cuando los habitantes buscaban un nombre para este río, surgió el que dicho río también se había dividido (Ya). y que la ropa la habían dividido (Ya), decidieron llamarlo entonces Odò Ọya (río que se divide). Ọya también pasó a ser conocida por el nombre de «Ìyá Òmò mèsán«.  Esto significa «la madre de nueve hijos» frase que se contrae en una palabra Ìyánsá o Iansa.

La que tiene incumbencia en traer el honor y las riquezas, creando alianzas, uniones y convenios. Guerrera y cazadora, trabaja en los campos y montes cerca de los ríos. Su energía se manifiesta en los pozos profundos de los ríos y lagunas. Es quien que provoca los remolinos de viento sobre el agua.  En el pueblo Djèjé la ex Dahomey el culto a Ọya el espíritu del viento es conocido con el nombre de Ámèsán. Deriva de la expresión Yorùbá (Con nueve cabezas) haciendo alusión a los 9 brazos del delta del río Níger. En Nigeria la llaman Odò-Ọya, pues según el mito, cuando Ṣàngó desencarnó, Ọya el espíritu del viento quien era considerada su primera y principal esposa, derramó tantas lágrimas que se convirtió en río que corre al norte y al este del territorio yorùbá.

Estas consideraciones eran principalmente de la región de Oyó capital política yoruba y reinado de Ṣàngó. En otras regiones como Ijesa, Ketú, Ondo y toda la región fronteriza o Nàgó las costumbres fueron otras. A pesar del dominio sobre el agua de Ọya en Oyó así como en otras regiones su importancia y culto no se limita a las áreas bañadas por este río. Esto se debe a que Ọya el espíritu del viento es algo más que una diosa fluvial. Ella, al igual que su esposo el rey Ṣàngó se relaciona con fenómenos atmosféricos temidos en todo el territorio yoruba.

Los pasajes o manifestaciones de Òyá

La diáspora dió origen a la asimilación y fusión de casi todos los Òrìṣà siendo estos más de 400. Algunos de los cuales han llegado a compartir hasta las piedras totémicas llamadas Okutá, las comidas y/o asimilando el nombre. De esta forma perdieron parte de su identidad para transformarse en pasajes o caminos de los mismos. A esto se le ha llamado Òkànán (un mismo corazón o alma).  Es por esto que han desaparecido algunos de los fundamentos y tradiciones originales.  Como es el caso de Èwá o Yèwá, Timboa, Tìmwá.  Ella se ha fusionado con Ọya transformándose en un pasaje o camino del espíritu del viento.

Ọya – Tìmwá

De esta manera en nuestra tradición chamánica surge Ọya Timboa o Tìmwá. Como una asimilación de Èwá o Yèwá, Òrísá femenino que es la divinidad del río y de la laguna Yèwá que queda en la antigua tribu Egbado (actual ciudad de Yèwá) en el estado de Ògún en Nigeria. Es una de las Ìyábá, hermana de Ìánsá y Ọba e hija de Naná Bòròkún. Es considerada con Ọya Òkànán (un mismo corazón con Ọya), por esta razón se asimila como camino de Ọya el espíritu del viento.  Su nombre proviene del yoruba, Tìmwá o Tìmbé significa firme, constante, inmutable. Èwá significa belleza, magnetismo, atractiva. Por lo que su nombre significa belleza y gracia eterna.

Ọya – Dìrá

Nuestros ancestros decían que Ọya el espíritu del viento es una feroz y valiente amazona. Acompaña a su esposo, el dios del trueno en sus frecuentes guerras, ganándose el nombre de Dìrá. En esta forma de expresión energética de Ọya el espíritu del viento se dice que es Obirin t’ o t’ ori ogun da rungbon si (la mujer a quien le creció una barba debido a la guerra). Y que su cara puede manifestar expresiones tan terribles que nadie se atreve a mirarla. Sin embargo, Ọya es alta, distinguida y grácil. Prueba de ello es que Sàngó la tomó como esposa de entre dieciséis deidades femeninas que deseaban casarse con él. Ọya se ganó el cariño de Ṣàngó, gracias a su elegancia y a la fuerza de su personalidad.

Hemos de destacar que Ọya Dìrá representa un ideal femenino ajeno a la cultura yoruba. Esta conclusión se saca de que, entre los yorubas, las mujeres no formaban parte del ejército como sucedía con otros pueblos del África occidental ecuatorial. Según las tradiciones, Ọya es originaria del norte del país Yorùbá donde vivían los Nàgó o Anago. Es posible que, en algún lugar de esa área, las mujeres fueran utilizadas en la caballería real. Así sucedía en Dahomey, nación donde ella es conocida como divinidad relacionada con los fenómenos atmosféricos.

Parece que fue en Dahomey donde la diosa adquirió su carácter de amazona intrépida y violenta. Dado que en el vasto imperio yoruba las realidades ambientales no parecen justificar la función del culto a una divinidad femenina tan interesada en actividades que, en su cultura son propias de los hombres. Ọya Dìrá, es el camino de Ọya más ligado a las tempestades y del viento fuerte que las precede. Se dice de ella que es Efuele ti’ da gi l’oke-l’-oke (el viento que arrasa y arranca los árboles desde la cima). En Uruguay este camino está asociado al temporal de Santa Rosa o tormenta de Santa Rosa.

Ọya – Fòbá

En este pasaje Ọya es una violenta guerrera, aunque como Yemọjá y Ọ̀ṣun. También es una deidad femenina de agua y, a veces asociada con la fertilidad. Más propiamente con el acto de dar a luz, ella es la verdadera Ìánsá o Ìyámèsán madre de 9 hijos. Es venerada como la dueña del mundo y propietaria de los espacios entre las dimensiones simbolizadas por el horizonte, paredes, muros, el techo y el suelo. Ọya Fòbá es altamente sensual, además de muy guerrera y valiente. En la concepción yoruba, la muerte nunca fue el punto final de nada. Se cree en el concepto de la reencarnación y que las personas vuelven a encarnarse en la misma familia. El espíritu vuelve a la tierra a través de una persona de sus descendientes.

En esta fase en que son egúngún (espíritus de muertos), donde los mismos son resguardados por Ọya Ìgbàlé. En las creencias africanas tenemos varios momentos en nuestra vida y también después de nuestra muerte. Ọya Ìgbàlé, es también conocida como Ọya Mesan Ọrun (Ìánsá).  La madre de los nueve cielos o de los nueve planetas. Recibió parte de los poderes de Ṣọ̀npọ̀ná el gran señor conocedor de todos los misterios de la muerte y consecuentemente de los ègún. Se viste con los colores blanco y coral. Es la única Òrìṣà femenino que danza con los ègún y los domina, teniéndolos bajo su control. Ésta es una de las cualidades más bravas e impetuosas de Ọya el espíritu del viento.

Ọya – Nìké

Este camino o pasaje de Ọya tiene potestad sobre lugares elevados. Lomas, montañas y barrancos donde manifiesta las tempestades y domina los vientos desde la cima. El nombre Nìké se volvió muy popular porque fue adoptado por una reina de Ira ciudad situada en la región de Lagos en Nigeria. Como muchos otros personajes de la realeza yoruba ella adopto este nombre por sus características. Como Señora de los Egún, los controla con su Eruesin o Ìrúesin. Este es su instrumento litúrgico. Es un látigo hecho de la cola de un caballo atado a un mango de hueso, madera o metal. También posee una espada que cuando combate, maneja con especial habilidad y tal poder que se dice que echa fuego.

Aunque se considera que Ọya nació en las aguas de los ríos y a la orilla de los mares. Aunque no aparece como una divinidad fluvial, sino como la deidad que con su viento aviva el fuego de la forja de Ògún. Pero también se la asocia a las crecidas de los ríos, el barro y las lluvias. Su complemento más armonioso es Ògún Oníra y ambos son guerreros que pertenecen al linaje de los «Òrìṣà del bosque». También se asocia con otros fenómenos atmosféricos como la centella, la brisa suave y refrescante del verano.

Su culto es muy importante por su relación con las tempestades y por ser compañera de Ògún. Aunque también por su extraña asociación con los muertos.  En américa, Ọya no es la primera esposa de Ṣàngó, como se la considera en África, sino la segunda la primera es Ọba. Ọya o Ìánsá es una mujer esbelta y corpulenta, de carácter violento y apasionado. Se dice que cuando se enfada es más peligrosa que Ṣàngó. Se casó con ella debido a los múltiples servicios que esta valiente mujer le prestó en sus guerras.

Arquetipo de Òyá el espíritu del viento

Su perfil arquetípico es conocido por su temperamento explosivo. Generalmente llama mucho la atención por ser inquieta y extrovertida. Siempre su palabra vale y le gusta imponer a los demás su voluntad. No admite la frustración. No importa si tiene derecho o no. Para quien la contradiga o le muestre que no tiene razón o no tiene derecho, se vuelve violenta. Responde con ataques, gritando y llorando. En estado normal es muy alegre y decidida. Tienen un gran placer por contrarrestar todo tipo de prejuicios. Repasa todo lo que hace en la vida.  Suele caer presa de la tentación y tener una aventura. En sus gestos demuestra el momento que está pasando, no puede disimular la alegría o la tristeza.

Ọya y el culto a ègún gún

En áfrica también existe Ọya el espíritu del viento dentro del culto a Egúngún y entre todos ellos este Egún es el más temido. Posee una máscara de apariencia terrible. Ọya el espíritu del viento es adorada en varias partes del antiguo imperio yorùbá. Ella muestra la pureza de la muerte para la cual debemos prepararnos, pues la vida es una preparación. Ese día es cuando vamos a prestar cuenta de todo que hicimos en vida, a Ọlọ́run. El símbolo de esta Òrìṣà guerrera es la lanza. También se la representa por medio de un objeto hecho de metal en forma de rayo o descarga eléctrica.  Cuando se manifiesta lleva en la mano un sable y un rabo de caballo Eruesin, símbolo de autoridad.

A esta Ọya se le llama Ọya Ìgbàlé y posee una gran sabiduría. Es dueña de la clarividencia, de la creatividad y del sexto sentido. El animal de poder y la mensajera de Ọya es la lechuza. Es la que gobierna sobre las sepulturas, está entre las tumbas y los muertos, vive dentro de los féretros. Permanece siempre en el cementerio, pasea por las tumbas, convertida en lechuza. Òrìṣà dueña del cementerio y ampliamente ligada a la muerte. Es la que descompone el cuerpo humano y es la encargada de llevar los espíritus al Ọrun. Para atraer a estos espíritus desencarnados baila sobre sus tumbas.

Òyá  el espíritu del viento en américa

Como todos los caminos de Ọya tienen trato con los Egúngún en la diáspora es un Òrìṣà femenino muy famoso. La figura más popular entre los cultos de matriz africana. Es uno de los Òrìṣà de las tradiciones animistas de áfrica ecuatorial que por sus características penetró en el chamanismo de Umbanda. Tal vez porque es de los pocos Òrìṣà que está estrechamente ligado a los espíritus desencarnados que tienen una participación activa en la Umbanda ya que son separados de los Òrísá en las tradiciones afro descendientes producto de la diáspora, quedando ligeramente venerados, perdiéndose gran parte de este culto a los ancestros.

Ọya el espíritu del viento cuando se manifiesta en el chamanismo Umbanda como Egún, lo hace bajo el nombre de Ìyánsá. Este grupo de espíritus desencarnados a menudo es la representación de los muertos que visitan a los familiares del difunto. Hablan y actúan desde la energía vibratoria de la Justicia. En este foco de energía luminosa se canaliza el orden autoritario que se nos impone desde el exterior. Correspondiente a la ley que nos rige, la enseñanza que nos han impuesto, el poder de la justicia, de los reyes y de los maestros. Por ello, a nivel individual, representa de qué manera van a ser las relaciones con la justicia, la religión, la ley o el derecho.

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