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Mbói Tuí o Mbói Tatá

Para conocer mas sobre nuestros caboclos de Umbanda y sus creencias, en este articulo hablaremos sobre una divinidad Tupí-guaraní, el Mboi. También conocido como; Mbói Tuí o Mbói Tatá, esta deidad es el segundo hijo de Taú y Kerana y uno de los siete monstruos legendarios de la mitología guaraní. Mbói Tu’i o Mboý tu’í se traduce literalmente por «víbora-loro», lo que describe la morfología de esta criatura. tiene dos patas hacia la cintura, cabeza de loro, y cuerpo de serpiente.

 

El Mbói Tatá es una criatura mitologica perteneciente a los nativos originales de Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina. Esta criatura en ocasiones aparece como una enorme serpiente de fuego que ataca contra quien haga daño a los bosques y animales de la amazonia. El nombre del Ser proviene de la unión de dos palabras del guaraní mbói (serpiente) y tatá (fuego), siendo el resultado Mbói Tatá en la lengua original (Tupí-guaraní) que significa «Serpiente de Fuego».

 

Ronda por los estuarios y protege a los anfibios, adora la humedad y las flores. Lanza terribles y potentes graznidos que se escuchan desde lejos y provocan terror en las personas que lo oyen. Se lo considera el protector de los animales acuáticos y los humedales. Este ser tiene la forma de una enorme serpiente con una gran cabeza de loro y un pico descomunal, también una lengua bífida roja como la sangre, además su piel es escamosa y veteada, pero su cabeza está emplumada. Tiene una mirada maléfica con la que asusta a todo aquel que tiene la mala suerte de encontrarse con él.

 

Historia de Mbói Tuí

Mbói Tuí era un hermoso loro que habitaba en la tierra sin mal, (versión guaraní del paraíso) que tenía una sola entrada celosamente guardada por Rupave. A este recinto de la vida inocente, tenía acceso Mboi Tuí, conociendo un sendero secreto de arribo. Algunos Malucos o «mamelucos» le hicieron beber miel lechiguana a este loro, emborrachándolo, por lo que se puso a hablar mucho, dando a conocer la senda secreta de la tierra sin mal, por la cual pudieron colarse los malvados.

 

Cuando Rupavé se dio cuenta de la entrada de extraños al paraíso guaraní donde abundaban las frutas, halló a este loro totalmente ebrio hablando sin cesar. Entonces, conociendo que él era el culpable, lo maldijo, condenándolo a perder la facultad de volar, sus alas atrofiadas convirtiéndose en patas; el parlero se convirtió en un reptil, una serpiente con pico de loro, siendo su alimentación en adelante los frutos de la naranja agria, conocidas en guaraní como Apepú.

 

 

Mito sobre el origen del Mbói tatá

Desde la época colonial, se ha registrado diferentes leyendas sobre esta criatura algunas explicando su origen u otras narrando apariciones de esta. La más interesante y conocida es la de Río Grande del Sur, en Brasil, que narra de esta manera el origen del Mbói tatá o boitatá:

 

Cuenta que en un tiempo la selva estuvo acompañada de oscuridad e inundaciones que nunca acababan, entonces los animales fueron a alojarse hacia los terrenos altos. El boiguaçu, una serpiente que vivía en una oscura cueva, era el único animal capaz de ver a oscuras, así que saca ventaja de la situación y decide comer la parte que más le encantaba, los ojos. Después de haber comido tantos ojos la luz de este hiso que los ojos de la gran serpiente se vuelvan brillantes como dos soles, su cuerpo alargado comienza arder en llamas, en ese instante el poder escapa dejando al boiguaçu débil y este muere.

 

Ahora esta serpiente aparece como un haz de fuego volando sobre el cielo de la selva, se dice que aquel que se encuentre con el Mbói tatá, podría quedar ciego, morir o inclusive quedarse loco. Con el fin de que esto no suceda a quien se cruce con el Mbói tatá, afirman que lo mejor es quedarse quieto, sin respirar y con los ojos bien cerrados hasta sentir que la serpiente se haya ido. Lo cierto es que el Mbói tatá es protagonista de varias narrativas de la literatura de la región de Río Grande del Sur.

 

Leyenda de las Cataratas del Iguazú

Cuenta una leyenda indígena que el dios Mboi, con forma de serpiente, penetró un día la tierra y retorció su cuerpo, formando una enorme grieta en el curso del río Iguazú, que hoy divide Brasil y Argentina. Mboi formó con ello una majestuosa cadena de cataratas por donde cayó la hija del cacique Igobi, la bella Naipi, cuando intentaba huir en una canoa con el guerrero Tarobá para evitar su consagración al dios serpiente. Esas mismas 275 caídas de agua surgidas de la ira de la deidad indígena conforman las Cataratas del Iguazú, un impresionante espectáculo acuático que atrae anualmente a millares de turistas de todo el mundo.

 

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